La magnitud de la corrupción del Gobierno que tuvo la Argentina desde 2003 a diciembre de 2015 es inédita en la historia argentina. Una corrupción sin precedentes en los métodos, las cifras y las formas. Se trató de un plan tendiente a crear un poderío económico proyectado para dominar el país, aun desde la oposición, como le toca estar actualmente a Cristina Kirchner y sus hombres y mujeres de mayor confianza.

Durante doce años se desarrolló un poder económico nuevo e independiente del Estado y las organizaciones empresariales tradicionales, con inteligencia propia, facturación y negocios propios y con mucho dinero y oro guardado para subsistir, extorsionar, comprar y, eventualmente, defenderse. Y con mano de obra pública y privada para intentar sostenerse.

Es el último eslabón el que menos se conoce: el de un procedimiento habitual que tenía por objeto centralizar y esconder la recaudación diaria de dinero proveniente de distintos negocios no sólo dentro de las fronteras de nuestro territorio sino también con socios, vínculos, redes y conexiones internacionales.

Una corrupción macrocefálica que iba creciendo a medida que se daba en el tiempo la permanencia del Gobierno en el poder. Una estructura delictiva que ha sido pornográfica y desopilante, con ribetes cinematográficos por el volumen de dinero manejado, con intermediarios y traslados realizados por personas del más bajo submundo del hampa.

Los vecinos de Santa Cruz supieron de este sistema diario de recaudación de dinero y su envío posterior a las guaridas seguras desde sus orígenes. Era evidente e inocultable la incesante circulación de personas llevando bolsos, valijas y a veces bolsas de consorcios negras con dinero desde Buenos Aires. El dinero viajaba en aviones pequeños tipo Leart Jet o en los aviones presidenciales o bien por tierra en camiones e inclusive en barco desde el puerto de Buenos al puerto de Caleta Olivia en Santa Cruz.

Las versiones sobre la circulación de flujos de dinero transportados desde Buenos Aires hacia el sur eran moneda corriente desde la llegada de los Kirchner al poder nacional.

No escaparon a mi atención en parte de los años que viví en Santa Cruz, entre 1998 y 2009.
Durante el kirchnerismo, los aviones presidenciales fueron usados como si fueran aviones familiares.

Se usaron para turismo, recreación o actividades partidarias de los Kirchner o su entorno, traslados de muebles, materiales, amigos, familiares o para llevar simplemente diarios al sur o para viajar sin pasajeros ni carga hacia un lugar donde se encontraba la Presidente.

Pero la mayoría de esos viajes eran aprovechados para transportar dinero, acompañado generalmente de alguna persona.

El traslado de fajos de dinero sin acompañante se dio en raras ocasiones en cuyo caso el avión era esperado para la descarga por personas avisadas al respecto. Era común en El Calafate ver llegar el avión presidencial con dos personas a bordo, además de la tripulación de cabina, que bajaban presurosas mientras los típicos carritos grandes transportavalijas hacían dos o tres viajes para llevar bolsos, valijas y bolsas similares a las de residuos negras. Llamaba la atención la cantidad.

La cantidad de valijas que se bajaban de los aviones en esos viajes correspondía a unos treinta pasajeros. Sin embargo, sólo viajaban los dos pilotos (…)

La creencia era que se trataba de documentación, papeles y material de trabajo presidencial o elementos que se traían para trabajar en el Sur dado que se viajaba muy seguido y se utilizaban fines de semanas enteros al año como lugar de descanso y análisis (…)

En realidad, las valijas transportaban el dinero que los Kirchner amasaban en su red ilícita de negocios que desplegaron. El enigma que resta es qué se hacía con tanto dinero en aquel lugar.

Ya en el 2006, Carrió hablaba del tema y denunciaba el traslado descarado de dinero a Santa Cruz.

Una vez saqueada la tierra pública para la familia presidencial y los amigos del poder sin pagarse por ella nada (pues lo que se pagó no alcanza a ser algo simbólico siquiera) se comenzó a preparar el segundo momento del circuito de enriquecimiento ilícito, lavado y blanqueo de dinero. (…)

Pero volvamos a los bolsos de dinero. La historia de los viajes transportando dinero desde Venezuela a Buenos Aires o a la Patagonia, o desde Buenos Aires a Venezuela o Uruguay, o desde Buenos Aires a El Calafate eran comentarios que se extendían de modo contagioso pero subterráneo. De tan extravagante, muchos dudaban de la veracidad de semejante manejo. Pero era cierto. La evidencia abunda.

En 2003, Báez tenía un patrimonio declarado de $ 15.310. Sin embargo, durante la década kirchnerista, sólo en tierras en Santa Cruz, fue capaz de adquirir cerca de 500.000 hectáreas que incluyen más de 30 estancias. Además, del rubro de la construcción, el negocio agropecuario y la cría ovina a través de las firmas Valle Hermoso S.R.L. y Austral Agro S.A., Báez también usó la firma Austral Construcciones para comprar estancias en el sur.

Zuvic denunció a Báez por lavado de dinero e incluyó un completo y detallado listado de las estancias que mediante una compra compulsiva se enmarcaría en el delito de lavado de dinero: chacras cerca de Río Turbio, estancias cercanas a Río Gallegos y El Calafate, terrenos en El Calafate y campos diseminados en toda la Provinvia. Eso sólo en Santa Cruz.
Una gran cantidad de estancias (…) están ubicadas cerca de Calafate, donde Báez no sólo renovó todo el alambrado sino que construyó nuevos cascos (…)

Son en total cerca de 200.000 hectáreas y fueron adquiridas por unos u$s 28 millones en dinero en efectivo entregado en “bolsos” a sus compradores, en fajos sellados. Sumas de dinero importantes eran transportadas por toda la geografía de la provincia (…) en camionetas con total impunidad.
Hubo un antecedente, que no trascendió en su momento, de estos movimientos de dinero para comprar estancias, transportando alegremente millones de dólares en camionetas por las rutas y caminos de ripios de Santa Cruz, que terminó en tragedia.

Me refiero a la trágica muerte de la senadora nacional santacruceña Judit Forstmann, dirigente cercana al matrimonio presidencial Kirchner, que en ese entonces se encontraban en El Calafate, en abril de 2009.

Después de estar desaparecida por horas, el cuerpo de Forstmann fue hallado en el río Barrancosa a 15 kilómetros del lago Strobel y a una distancia de 4 kilómetros del lugar donde quedó la camioneta en la que viajaba. Las versiones indicaron que había sido arrastrada por la corriente cuando Forstmann quiso atravesar el río con imprudencia, en una jornada planeada de descanso y pesca en la que terminó encontrando la muerte de manera tenebrosa.

La senadora viajaba junto con su esposo, Emilio Papousec, y el guía de pesca Alberto Amescua, que lograron sobrevivir al accidente. En verdad, cuando la camioneta volcó en medio del río, nadie sufrió grandes golpes. Pero sí estaban conmocionados: la senadora vio que el río se llevaba los tres bolsos repletos de euros que transportaban para entregar al dueño de una estancia, cuya compra intentaba cerrar en nombre de los Kirchner.

A la camioneta se le detuvo el motor en medio del cruce del río y fue ‘levantada’ por la corriente de agua que la hizo dar dos vueltas antes de despedir a la senadora. Vieja conocedora de la zona, el lugar y su gente, se le había encomendado la tarea. En la desesperación del vuelco, al intentar atrapar alguno de los bolsos, fue arrastrada por la gran corriente del río y alejada rápidamente de la camioneta, su esposo y el guía. Se cree murió ahogada pues no sabía nadar. Los bolsos de dinero fueron recuperados río abajo pero la senadora yacía muerta. Habría muerto en los intentos desesperados por no perder el dinero de la corrupción. Así se compraban las estancias. Los bolsos y la avaricia causaron estragos y también muertes evitables. (…)

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