El eterno retorno de Friedrich Nietzsche se aplica en nuestra historia. Los acontecimientos siguen reglas, que más que cíclicos, son repeticiones, de pensamientos, ideas y sentimientos en una trampa incansable y agobiante.

Ortega y Gasset a quién seguimos, decía que los pueblos que no pueden superar su pasado terminan deglutidos por éste.

La carga del pasado es tan potente, que entorpece y limita la necesaria configuración del futuro.

Nuestra relación con el futuro entonces no es de proyecto y esperanza, sino desde una perspectiva de incertidumbre, miedo y preocupación.

Es el pasado el que nos impide resignificar el rol de la política y nos ancla en el puro presente. Nos ancla en la dictadura del presente y sus improvisaciones automatizadas.

El pasado esta lleno de buenos futuros que nunca se pudieron concretar en nuestro país.
El pasado le vive imponiendo la agenda y la política al futuro.

En mi libro La década enterrada, Cristina, sus valijas y el plan mesiánico para volver(Planeta 2016), presentado en Julio de 2016 allí en Bogotá y Medellín y también en Caracas y Valencia en mayo del presente año, conté al inicio del mandato del presidente Mauricio Macri, el plan para volver de la ex Presidente Cristina Kirchner. Detallé las maniobras de lavado de dinero, los negociados con la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro y las FARC, los bolsos con dinero y el dinero enterrado que fue apareciendo. Se describió allí lo que sería la búsqueda de fueros para lograr impunidad a través de su candidatura a senadora por la provincia de Buenos Aires.

Un capítulo del libro se tituló: “La batalla del Conurbano en 2017”. El libro adelantó el plan que vimos desplegarse estos dos años.

Ese era el plan del pasado. En el libro estaban minuciosamente descriptos los anticuerpos que como sociedad debíamos desplegar para dejar ése pasado atrás y decidirnos con entusiasmo a recuperar la buena política y el debate enriquecedor del espacio público que hizo grande a la Argentina.

Allí planteaba la necesidad de afianzar la justicia y terminar con la impunidad.

La impunidad ha sido la partera de nuestras desgracias. La corrupción organizada desde el Estado ha sido la consecuencia del sistema de impunidad.

Debemos dejar el pasado atrás que expresa el Kirchnerismo. Es lo que propusimos siempre. De ese modo podremos acometer la tarea política vital de avanzar hacía nuevos horizontes.

Pero el desprecio que buena parte de la sociedad hoy expresa para con el kirchnerismo no significa que haya desaparecido en el país la mentalidad política que lo generó. La del populismo. La que pretende relacionarse con el pueblo sin intermediación institucional, de manera personalizada, explotando sentimientos anti políticos y antisistema. La que propicia una ciudadanía de baja intensidad. Cuando todo ello sucede, quedamos presos de la inmediatez y sacrificamos la posibilidad de entendimiento. Llega un momento en el cual la polarización antagónica no bastara como política para concretar la gran tarea pendiente.

Esa tarea requiere, crear condiciones objetivas de estabilidad política, institucional y social para permitan dejar de hipotecar el futuro y comenzar a mejorarle la vida a las generaciones venideras.

Debemos sincerarnos. No es la urgencia y las acechanzas del pasado lo que impide elaborar proyectos de largo plazo, sino que es la ausencia de proyecto la que nos somete sólo a gestionar el presente.

Se requiere una nueva mentalidad política que nos permita resolver los conflictos y las tensiones mediantes debates que nos devuelvan la posibilidad de discutir el futuro.

Debemos dejar de lado la política que construye poder a expensas del futuro. Esa política, sin querer tal vez, es la que no nos permite dejar atrás los pasados que se repiten y nos causan tanto daño.

Los argentinos debemos dejar de ver al futuro como el lugar donde se desplazan los problemas incomodos que no resolvemos para aliviar el presente.

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