Les comparto mi reciente columna de hoy en Minuto30.com de Colombia sobre la corrupción en América del Sur y sus diferencias.

Cristina Kirchner, Dilma Rousseff y Michelle Bachelet, en ese orden de gravedad, en cuanto a la magnitud y escala de la corrupción de sus gobiernos, están siendo investigadas por innegables escándalos. Hoy se advierte de mejor modo, que la mejoría económica repentina, aprovechando un mundo favorable y lleno de oportunidades, desnuda una falencia grande de estos Gobiernos para terminar con la pobreza y lograr que los desiguales sean cada vez más iguales, dotando a la sociedad de cambios estructurales que no se ven.

Estos países, sobre todo la Argentina, no han logrado mejoras importantes en términos de igualdad, que permitan a sus ciudadanos tener una mejor calidad de vida. No se trata sólo de satisfacer las necesidades materiales y hasta morales, sino de generar las condiciones para que las personas tengan una vida mejor. No se ha logrado empoderar al ciudadano para vivir con dignidad en un republicanismo que le permita a través de solidas instituciones, poder repeler las arbitrariedades e interferencias a que el poder lo somete a diario.

El progresismo viene de la idea de progreso. Este tiene como base la educación, que permite gozar de un trabajo digno y de oportunidades sociales que constituyen pilares que aseguran la superación.

En Chile, Bachelet pretende cambiar todo su Gabinete y dejar atrás un escándalo en el cual interviene su hijo y la esposa de éste, que valiéndose de un tráfico de influencias recibieron jugosos préstamos para comprar tierras en situación de asegurarse un negocio en provecho propio.

En Brasil, Petrobras tiene en jaque a su Presidente Dilma, por una corrupción enquistada que mediante sobreprecios y contrataciones amañadas y a medida del poder aseguraron retornos y coimas fraudulentas por doquier. También Lula Da Silva se encuentra investigado como lobbista de Empresas afines a las cuales les aseguraba negocios y así se beneficiaba.

Lo de Argentina, mi país, es una corrupción Gubernamental que funciona de manera Empresarial, la Presidente confunde lo público con lo privado y lo estatal con lo personal y se vale de todos los resortes del Estado para hacer negocios en provecho propio, a través de testaferros y sociedades varias. Esto ha originado que su fortuna personal -la No 19° del mundo- lograda a través de un enriquecimiento ilícito monumental constituya la mayor fortuna delictiva de América.

La sociedad argentina ha tolerado la corrupción mucho más que los chilenos y los brasileños. Más aun teniendo en cuenta que en Argentina la corrupción no es aislada ni reducida a unos casos puntuales sino que es diaria, organizada y parte del genoma de la Presidente.

En Chile la corrupción no es habitual. El país ocupa el puesto 21 en el ranking de Corrupción de Transparencia Internacional. Brasil está en el lugar 69 y Argentina en el 107 entre los más corruptos. Ni en Brasil ni en Chile sus Presidentes se hacen llevar a su despacho bolsas de dinero a diario, ni encubren atentados y hacen desaparecer fiscales. Tampoco en estos países tienen alegremente a Vicepresidentes procesados, ni su Presidente se auto vende terrenos fiscales a bajo costo con decretos secretos, donde luego construyen hoteles que lavan dinero e intentan justificar sus ingresos en blanco.

Tampoco en esos países sus Presidentes tienen de testaferros a personas investigadas por lavado de dinero en el mundo con cuentas en paraísos fiscales por miles. Por eso se explica que tanto en Brasil como en Chile se investigue la corrupción, haya renuncias y funcionarios presos e investigados, porque la corrupción no se tolera.

En Argentina en cambio no sólo nada de esto sucede, sino que la Presidente intenta nombrar Jueces adictos en la Corte, protege a jueces federales que la encubren y no se ha podido avanzar en la grave denuncia de Nisman por encubrir el atentado de la Amia y pactar la impunidad de Irán.

La socialdemocracia requiere ser eficiente y democrática. Hay dos tensiones en la actualidad una entre progresismo y eficiencia y otra más general entre democracia y derechos humanos. No se es progresista sino se es eficiente y no se es democrático sino se respetan los derechos humanos.

En la región hay mucho por hacer, sobre todo partiendo de la base que no es progresista ser corrupto y no velar por los derechos humanos.

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