EL LIBRO DE GONZALO SANCHEZ QUE CUENTA COMO NADIE COMO VIVÍ AMENAZADO Y EN PELIGRO POR AÑOS POR DENUNCIAR AL PODER.
CUANTOS RECUERDOS FEOS AL LEER ESTA NOTA, CUANTO PELIGRO. UN PODER ABSOLUTO CONTRA MI PERSONA. AÚN ME SIGO CUIDANDO DE MI PROPIO GOBIERNO. SÍ, AUN TODAVÍA.

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Kirchner solía ser así. Un personaje aluvional. “No un animal político, sino un animal”, lo definía uno de sus ministros más cercanos en el libro El último peronista, del periodista Walter Curia. Un tipo que cuando se enojaba era capaz de golpear —literalmente— a su gente de confianza y que, alguna vez, había llegado a tener que ingresar de urgencia en el hospital de El Calafate por cortarse la cabeza con una campana de la cocina mientras luchaba —también es literal— con uno de sus secretarios.

El episodio fue breve, pero contundente. Diez segundos y ya no existían dudas. De Lamadrid había molestado de veras al poder y ahora, mientras veía cómo el auto de los Kirchner se perdía camino a Bahía Redonda, la explanada ganada al lago detrás de la que se ubica la residencia de la pareja, no lograba comprender qué alternativas le quedaban por barajar, cómo seguir adelante. ¿Insistir con sus denuncias, que además, sospechosamente, estaban siendo investigadas por una fiscal que también era parte de la denuncia? ¿Quedarse callado? ¿Retomar su vida naturalmente, como si nada hubiera ocurrido? ¿Volver a la actividad privada como abogado? ¿Alejarse de la militancia política? ¿Dónde estaba parado ahora? ¿Hasta dónde había llegado? ¿Había ido demasiado lejos? ¿Cómo había empezado todo? ¿Cuánto había cambiado desde entonces este lugar? Repensó. Volvió sobre sus pasos. Rebobinó la historia.

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