El 4 de Agosto pasado escribí aquí mi columna previa a las PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) las cuales determinaron que candidatos competirán en las elecciones Presidenciales que se desarrollaran el domingo próximo.

 

En dicha columna decía que estas elecciones “eran las más pobres en el momento más difícil del país” http://www.minuto30.com/la-eleccion-mas-pobre-en-el-momento-mas-dificil/371515/.

Llega el momento de votar.

En primer término, es dable resaltar que lo que viene en La Argentina luego de las elecciones, como consecuencia de éstas, debe ser analizado, bajo la certeza que la Presidente Cristina Kirchner deja el poder con intenciones de volver en 2019, gane quien gane las elecciones. El Gobierno no pudo ir por todo, como anunció luego de ganar las elecciones de 2011. Se intentó poder reformar y torcer la Constitución Nacional. Se buscaba instaurar un sistema de reelección indefinida plebiscitaria similar al de la Provincia de Santa Cruz.

La derrota legislativa del 2013, los tiempos económicos adversos, el evidente desgobierno, la corrupción y la muerte de Nisman, ya no pudieron ser tapados con pauta publicitaria, extorsión por inteligencia y con ningún relato, guión y montaje que valga. En segundo lugar, debemos decir con base a lo expresado en el párrafo anterior, que el Gobierno ha moldeado a su conveniencia la oferta electoral opositora y ha diseñado con éxito el plan ideado por Carlos Zannini -quién ha sido el encargado de todas las estrategias del Gobierno que luego comunica la Presidente Cristina Kirchner.

El plan de Carlos Zannini aprobado por la Presidente tenía tres etapas.

1) Procrastinar la solución de los problemas estructurales y los vinculados a darle entrada a la realidad suprimida por el gobierno (la social, económica, institucional, política, energética, de reservas, deuda y vencimientos, y relaciones con el mundo). Llegar a diciembre en situación de aparente y fantasiosa normalidad sin que se devele la gravedad del asunto.

2) Colonizar la justicia, vía Concejo de la Magistratura, nombrar jueves y fiscales militantes, dejar un sistema que conjugado con el Nuevo Código Procesal Penal, garantice poder tener el control Judicial a futuro. Asimismo, llenar todas las estructuras del Estado con militantes nombrados en Planta Permanente y con la mayor cantidad de legisladores de La Campora en el Congreso, que respondan fielmente a futuro.

Ello, más un aparato de inteligencia paralelo y vinculado con ramificaciones en el Ejercito y mucho dinero de la corrupción para comprar voluntades a futuro.

Empresas que sigan generando utilidades y medios de comunicación propios, todo a través de la cadena de testaferros y sociedades conexas.

3) Destruir la conformación de una oferta opositora socialdemócrata amplia integrada por la UCR, El Socialismo, la Coalición Cívica, El Gen y otras fuerzas afines) que pudiera ganar.

Todo esto el Gobierno lo logró. Eso ha sido y será un desastre para el país.

La Presidente quiere volver al poder en 2019 y lo ve más fácil si se diera un triunfo de la oposición Macrista a quien extorsionaría, impediría sacar leyes, haría un obstruccionismo legislativo y gremial y le dificultaría la gobernabilidad. Un triunfo de Mauricio Macri en la mente de Zannini y la Presidente les daría la comodidad de la narrativa discursiva opositora futura y una sociedad ya probada en Buenos Aires. La Presidente actúa como Carlos Menem en 1999, que apostó a la derrota de Eduardo Duhalde, para intentar así volver al poder.

Carlos Zannini ha ideado idéntico plan, pero ha preparado al detalle, como serán esos tiempos de espera, sus condiciones y su idea de una retirada que cubra todas las posibilidades y todos los flancos abiertos y puntos débiles. Privatizo el Estado sin que nadie lo notara y lo dejo en manos de toda una estructura que intenta perdurar. Esta horda Estatal propia intentará funcionar, como una compuerta que cierra el paso de cambios, que impidan la eficiencia del plan.

Pero, en una jugada a dos bandas, al ver que era imposible vencer en una interna del oficialismo a Daniel Scioli, Zannini convence a la Presidente de apoyar al mismísimo Daniel Scioli y se ofrece como Vicepresidente. Esta jugada no buscaba asegurar ganar la elección, sino que estaba proyectada, por si Daniel Scioli gana. Se tendía sobre éste una imagen de continuidad del kirchnerismo, de hombre manejado, que va a ser un títere y una marioneta.

El candidato se tragó cualquier sapo en la campaña, quiere ser Presidente y se piensa vengar a futuro con apoyo del PJ que sabe se va a encolumnar detrás suyo, para ayudarlo a que empiece a gestar él nuevo liderazgo del PJ que buscará prontamente, enterrando la idea de volver de la Presidente que quedaría sepultado. Allí es, donde apunta el Plan Zannini, en esa guerra segura e inevitable y de consecuencias inimaginables hoy.

Si Scioli gana la guerra, buscarán el premio consuelo de no ir Presos, si Scioli la pierde podría terminar no sólo su intento de liderazgo sino también su Presidencia. Esa es la tragedia de la elección gane quien gane. Habrá una guerra en la Argentina y mi rol ha sido advertirla. La institucionalidad del país gane quien gane seguirá siendo el ring de la batalla que se avecina.

No es una mirada pesimista. Es una mirada, que conoce los antecedentes, los métodos y la perversidad del Régimen que tomo el país en 2003. Hoy la Presidente Cristina Kirchner y Daniel Scioli actúan. La Presidente actúa que le interesa el triunfo de Scioli y esté actúa que todo seguirá igual, en buenos términos y haciendo lo que la Presidente desea. No será así. No puede ser así, esta en la naturaleza del Partido de Gobierno, como está en su naturaleza mantener al país en vilo, espectador, de ese proceso que alumbre o no un nuevo liderazgo, resuelto en clave mafiosa y delictiva. Mientras tanto las encuestas dan a Daniel Scioli muy cerca de ganar en primera vuelta, a un punto de hacerlo casi. Esto preocupa porque deja latente la posibilidad que el proceso electoral no sea transparente y haya maniobras para intentar lograr ese punto que le falta de manera fraudulenta.

Las miradas apuntan a la Provincia de Buenos Aires en ese sentido y el recuerdo de Tucumán esta fresco y cercano. La campaña como sostuve en Agosto, antes de las PASO, ha sido la más triste en el momento más difícil del país. Una campaña vaciada, que apela a consignas, agravios y descalificaciones. Daniel Scioli del FPV muestra previsibilidad sin contenido. Mauricio Macri se muestra como la esperanza contradictoria. Sergio Massa trasunta propositivismo proactivo oportunista.

Ningún candidato habla de la pobreza, de la educación y de la verdadera crisis económica, para no tener que explicar ajustes, devaluaciones y medidas para paliar el campo minado del Kirchnerismo. Nadie habla de la corrupción real y la estructura mafiosa del poder. No es pesimismo mi análisis. Jean Paul Sartre decía que muchas veces “aquel que se ve como pesimista por lo que dice, no es más que un gran optimista, sólo que bien informado”.

Las elecciones traerán una guerra. Una guerra de bandos, de inteligencia y operaciones. Y que yo sepa la guerra no resuelve ningún problema, sólo trae y plantea otros nuevos.

Conozco lo que viene en la Argentina. No es nada bueno. Nos espera una larga tempestad.

Comentarios

comentario

Facebooktwittergoogle_plusmail